REINCORPORACION DE TACNA AL PERU

Amanece el día 28 de Agosto de 1929.La población está embanderada.Las calles están transitadas por gente venida de los distritos vecinos: Calana y Pachía : desde Sama, Locumba e Ilabaya; y desde las tierras de Candarave y Tarata. Todos los pueblos del departamento quieren hacerse presentes en el acto trascendental que se ha anunciado.
En todos los semblantes se manifiesta cierta ansiedad, un reflejo de entusiasmo y de alegría. Hay algo que conmueve hondamente las almas de todos los visitantes y de los pobladores.
Puede decirse que, desde temprano, ya no patrullan la población los policías chilenos.
Es un día de fiesta para todos. No hay vítores, ni algazara. Pero se agranda la calma que precede a los grandes acontecimientos históricos.
Una multitud se ha estacionado en la vieja Plaza de Armas. Y otra multitud se agolpa en el Pasaje Vigil.
A las dos de la tarde se reúnen a los delegados del Perú y de Chile en un amplio salón de la casa donde funcionó la Comisión Jurídica durante el frustrado plebiscito de 1926, en la calle "Zela", que antiguamente denominó "Sucre" y en tiempo de la Colonia, la "Calle del Cacique", a efecto de realizar el acto de entrega al Perú de los territorios de la provincia de Tacna, conforme al tratado de 3 de junio de 1929.
Representaban al gobierno de Chile el intendente don Gonzalo Robles y don Alberto Serrano y al gobierno del Perú los señores: doctor Pedro José Rada y Gamio, Ministro de Relaciones Exteriores y Presidente de la delegación; general don José Ramón Pizarro y el Ilustrísimo Monseñor Fray Mariano Holguín, asistente al solio Pontificio y Obispo de Arequipa.
El acto de entrega es sencillo y dura pocos instantes. En él firman los delegados el acta de entrega por duplicado.
El delegado chileno Robles, entre otros conceptos, expuso: "Con aplauso de todo el continente americano y del mundo entero, Chile y el Perú no han trepitado en hacer mutuos sacrificios en aras de la paz definitiva y en pro de una indestructible amistad entre las dos naciones".
"En nombre de mi país y especialmente en el del presidente de la república, Excmo. Señor don Carlos Ibañez del Campo, me complace en rendir en esta ocasión y desde lo más hondo de mi espíritu, un homenaje a ese ideal de paz y fraternidad humanas que hoy se realiza materialmente en Tacna y que, pese a las momentáneas ofuscaciones de los hombre, perdurará eternamente. Su excelsa majestad se sobrepone a los acontecimientos, es más fuerte que las pasiones y subsiste por sí misma e independientemente de los cerebros que los concibieron".
"Para fortuna nuestra, los gobernantes y pueblos de hoy se vieron iluminados por esos campos de luz caídos de los ojos de Dios, que se llaman sinceridad, elevación de miras, visión integral y solemne del porvenir. Y se apartaron los escollos; las asperezas se suavizaron; la amistad borró la vengativa remembranza. Se abrió la senda maravillosa por la cual, de hoy en adelante y para siempre, marcharemos, peruanos y chilenos, prestándonos mutuo aliento y fraternal ayuda".
"Hemos obtenido un enorme resultado de comprender, de una vez para siempre, que todo nos une y que nada nos separa. En el terreno de las conveniencias materiales, es público y notorio que Chile y el Perú se complementan".
Al terminar, dijo:'Dejamos aquí las obligadas vinculaciones de medio siglo de estada: afectos, recuerdos, reliquias... Y en buenas manos quedan, puesto que quedan en manos amigas. Las vuestras señores, que sois nuestros amigos porque a vosotros nos une un sentimiento que no es meramente una fría comunidad de intereses, sino que es el afecto profundo que se origina en la mutua comprensión y que se alimenta en una absoluta equivalencia espiritual y moral".
El doctor Rada y Gamio, entre otros, dijo :
"Estas dos naciones, asegurando la paz de América, han dado al mundo ejemplo imperecedero, de previsión, de sensatez y de armonía".
"La lucha y la guerra, las desavenencias y las contiendas disgregan y disuelven a los pueblos a corto plazo o prolongado plazo. No producen otra cosa que ruina y desolación, la aridez de los campos, la orfandad del trabajo y el señorío detestable de la muerte. La unión, la paz, la amistad, todo lo engendran, lo vivifican y convierten el feto Horripilante de los pueblos anarquizados en la soberanía de la vida y de la grandeza de las naciones. La humanidad nació para la existencia, no para la soledad de los sepulcros".
"Está sellada la amistad del Perú y Chile. Los barcos de San Martín podrían volver a Paracas y en su trayecto victorioso el Gran Protector podría recorrer de nuevo estos campos sagrados, sin encontrar otra cosa que amigos y hermanos; contemplaría a los vencedores en Chacabuco y Maipú abrazados con los vencedores de Junín y Ayacucho".
"Al recibir la delegación nacional, a nombre del presidente Leguía, estos territorios que vuelven al Perú, invocando los nombres de nuestros Libertadores, fórmulo ardientes plegarias por la ventura de estas tierras, pedazos del corazón peruano; porque la amistad del Perú y Chile sea tan perdurable como el sol que nos alumbra, como el mar que baña nuestras costas como la perennidad del espíritu de nuestras nacionalidades, y por que sus triunfos y sus glorias no tengan jamás ocasos, Todo bajo la protección de Dios".
Terminada la ceremonia en la Casa Jurídica, la comitiva, se traslada al pasaje Vigil que llenaba una compacta multitud. Desde los Balcones de la Casa de don Enrique G. Quijano, frente al Pasaje, el doctor Rada y Gamio pronunció un emotivo y patriótico discurso.
La Plaza de Armas está llena de gente.
Dice una crónica de esa época: "Se procedió a izar el pabellón nacional en la torre izquierda de la iglesia Matriz".
"Este momento fué de indescriptible emoción. Hombre, mujeres, niños, con la cabeza descubierta, con las lágrimas de gozo, palmoteando estentórea mente, vieron aparecer sobre el mástil improvisado de la Torre la bandera amada. Un coro multisonoro, vibrante y armónico entonó las sublimes notas del himno patrio, a los acordes de la banda del regimiento "Húsares de Junín".
"Tacna jamás olvidará estas horas de intensa y gratísima emoción cívica que ha podido vivir después de largo cautiverio".
"A los pocos instantes habló al pueblo desde un balcón de la Intendencia, monseñor Holguín, quien estuvo, como siempre, bastante feliz, inspirado, y elocuente patriótico. La vieja campana de la Iglesia Matriz replicó vibrantemente por algunos instantes, como elevándolo a la providencia su himno de gloria".
"Luego se inició el desfile militar en el que tomaron parte todas las fuerzas del "Húsares de Junín", de la Guardia Civil y de la policía de seguridad. Presidió la manifestación la comitiva oficial y las nuevas autoridades de la provincia. El pueblo aclamó deliradamente a los representantes oficiales y a las tropas que lucieron su porte marcial".
Mil ecos de vítores y de músicas marciales repercuten a lo ancho de la ciudad y en las grietas rocosas de los cerros de Intiorko y de Arunta.
Muchas mujeres, hombre y niños llevan escarapelas de lealtad y de dignidad cívica, entona hacia los cuatro puntos cardinales la canción gloriosa e incomparable de la libertad.

Poesía de FEDERICO BARRETO

EL NIDO VACÍO

En un tiempo mejor, aquí vivía
el ángel tutelar de mis amores.
A la oración, en estos corredores,
ella, mis versos, repetir solía.

Este era su jardín.Aquí venía,
al despuntar el alba, a cojer flores.
¡Bajo este limonero, hoy sin verdores,
nos despedimos para siempre, un dia!

Han pasado los años. A su huerto
ya nadie viene al despuntar la aurora...
¡Desde que ella se fue quedó desierto¡

Un cementerio es su jardín ahora,
y aquí, en las sombras, cuando el día ha muerto
el alma mía por su ausencia llora...


FEDERICO BARRETO TACNA-PERÚ (1868-1929)

PROCESION DE LA BANDERA

Ocurrió el caso de 1901. Una institución tacneña muy antigua y muy prestigiosa; la Sociedad de Auxilios Mutuos “El porvenir”, quiso un día hacer bendecir en la Iglesia parroquial, un magnifico estandarte de seda bordado en oro; pero, como en aquellos tiempos (días) habían prohibido las autoridades chilenas exhibir banderas peruanas en la ciudad, fue menester enviar una comisión de socios a la Intendencia (prefectura) a recabar el permiso correspondiente.
La negativa del intendente, general Vergara, fue rotunda. –No quiero banderas en las calles- dijo – Provocan manifestaciones patrióticas y esas manifestaciones dan origen a contra manifestaciones que ponen en peligro el orden publico.
Y no hubo medio de hacerle variar de resolución.
Dos días después, ya en vísperas del 28 de Julio, la sociedad “El Porvenir”, que deseaba celebrar de alguna manera el día de la Patria, volvió a solicitar el permiso deseado, y el intendente volvió a denegarlo.
- Lleven el estandarte a la Iglesia en una caja –dijo- y en la misma forma vuelven con él al local de la sociedad. Y así nos ahorraremos un conflicto.
Insistió la comisión, alegando que en Tacna todas la colectividades extranjeras, incluso la China, enarbolaban su bandera cuando les placía y que no era justo que sólo los peruanos, que estaban en suelo propio, se vieran privados de esa libertad.
Una idea extraña, sabe Dios de que alcances posteriores, debió de cruzar en ese momento por el cerebro del general Vergara, pues, cambiando repentinamente de tono, dijo:
- Tienen ustedes el permiso que solicitan; pero con la condición de que garanticen, bajo responsabilidad personal, que al conducir la bandera por las calles, el pueblo peruano no hará manifestación alguna de carácter patriótico.
Los miembros de la Comisión miraron un tanto desconcertados, estimando, sin duda, demasiado aventurado el compromiso que se les imponía; pero resueltos a todo, lo aceptaron, poniendo así, en grave riesgo su responsabilidad.
Los aprestos para la gran ceremonia, que debía realizarse una semana después, en el día de la Patria, comenzaron desde luego con toda actividad en medio de la más extensa expectación pública.
En las primeras horas de la mañana más de 800 miembros de la sociedad “El Porvenir”, condujeron a la Iglesia de San Ramón, la principal de Tacna, el estandarte que había de bendecirse. Esta traslación se realizó, intencionalmente, por calles poco concurridas, a fin de evitar, en lo posible, que la hermosa bandera fuese conocida por el vecindario antes de la ceremonia.
Comenzó esta a las diez de la mañana con el concurso de casi la totalidad de la población peruana.
Las tres naves del templo estaban materialmente repletas de gente. Afuera, en el atrio y en las calles adyacentes, una multitud incontable aguardaba impaciente el fin de la fiesta religiosa para escoltar la bandera del cautiverio.

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